16. ene., 2017

Texto

Capítulo XXVI:Fivia y el rey.

Fivia se encontraba en la enorme habitación a la cual había sido conducida, rodeada de mujeres, todas ellas jóvenes rubias o trigueñas, una de ellas, quien parecía ser la encargada de aquel recinto le dijo:

_¡Estás toda sucia y sudada! Te vamos a conducir a la fuente para asearte y cambiarte esas ropas sucias y destrozadas.

Fivia fue conducida a una fuente de agua situada en medio de una amplia habitación, allí fue desnudada y sumergida en el líquido cristalino, mientras era observada atentamente por las demás mujeres, que la encontraban tan diferente a ellas,por su piel morena y sus largos cabellos de color negro azabache.

_¡Parece que los gustos de Nuestro Señor Ciwutt están cambiando...Ahora comienzan a gustarles las negras y morenas! Dijo una  de las mujeres desdeñosamente.

El agua fría fue haciendo que Fivia se recuperara ysaliera paulatinamente de ese estadode semi inconciencia en que se hallaba. Después del baño fue conducida a otra salita y allí le escogieron unas finísimas túnicas, la vistieron , peinaron sus largos cabellos y le aplicaron unas pinturas alrededor de sus ojos, como era la usanza de las mujeres qocerias.

_Ahora ya estás más presentable y preparada para complacer a Nuestro Señor Ciwutt tan pronto cundo él lo desee. Le explicó la mujer que estaba a cargo del harem.

Paulatinamente Fivia  comenzó a recordar todo lo sucedido en aquellas últimas horas de terror, como en un sueño se veía a si misma cuando era encadenada junto a aquel repugnante y obeso individuo, que  había sido su amo, ambos habian sido llevados hasta aquella torre y desde su interior escuchaba los gritos y las voces de la muchedumbre y los alaridos de aquellos que iban cayendo, ella no entendía lo que sucedía y estaba aterrorizada, mientras que el hombre que permanecía encadenado junto a ella también permanecía  en estado de semi inconciencia y no se podía mover debido a su enorme peso y morbidéz, recordó que por algunos momentos aquel ser se despertó y comenzó a llorar con desesperación, pidiéndole a ella que le perdonara y le ayudara a salvar su vida.

_ ¡Perdóname muchacha...Yo y nadie más que yo tengo la culpa de lo que nos sucede...Fue mi maldita ambición la que me ha llevado hasta esta funesta situación...Tú no tienes la culpa de nada...Por favor, pide por mí...Que no me maten y te juro que te llenaré de joyas y riquezas!

 

Esas eran las palabras de aquel hombre, él la había llevado días antes donde Gomecor, aquel individuo de ojos de ave de rapiña la había mirado de manera indecente,Fivia recordaba como se había estremecido al tener tan cerca suyo al asesino de su familia y se había hecho el propósito de materle en cuanto pudiera, aún a costa de su propia vida ¡Sus padres serían vengados!. Aquellos dos individuos se encerraron en una habitación contigua y conversaron, seguramente trataron el precio, ella nunca supo lo que había sucedido después, porque desde ese momento le empezaron a dar de beber un líquido amargoso que le provocaba mucho sueño y así la mantuvieron hasta aquel día fatídico.

Recordó, con horror, como se presentó en la torre un hombre con una enorme espada y con ella le cercenó el cuello a Ivdo Goban, ella cerró sus ojos preparándose para morir, pero eso no sucedió.Mas tarde, otro hombre había aparecido en la entrada de la torre,era muy alto y vestía completamente de negro, él levantó su espsda y de un solo golpe cortó la cadenita de plata que la unía al cuerpo decapitado, luego sintió que la tomaba en sus fuertes brazos y salía con ella al exterior.

Se había desmayado  y cuando despertó, vio aquel rostro surcado por una horrible cicatríz inclinado sobre el suyo.

Y ahora estaba allí, rodeada de hermosas mujeres, todas ellas altas y rubias, que la colmaban con atenciones, aunque notaba en sus miradas una gran animadversión hacia ella.

La voz de la mujer encargargada  la volvió a su realidad.

_ Yo soy Niberit y tú...¿Cómo te llamas?

_Mi nombre es Fivia....¿Que va a pasar conmigo? Ni siquiera sé en donde me encuentro ahora. Respondió.

_ Pues te lo diré: Lo primero, estás en el Palacio Real de Obamit, eres una más de las mujeres de Nuestro Señor Ciwutt, él mismo te trajo hasta acá desde el Coliseo de Obam...En cuanto a tu futuro, eso está en manos de nuestro soberano.

Aquella revelación llenó de terror a la joven, ella pensaba que aún estaba en manos de Gomecor, tal como lo habían planeado con Rechill, ella era  una de " las ratas" como se las llamaba por el hecho de estar refugiados en las alcantarillas de la ciudad, jamás imaginó que llegaría hasta el mísmísimo Señor Ciwutt ¿Cuales sería ahora los pasos a seguir? No tenía la menor idea y tampoco tenía forma de comunicarse con Rechill, por lo cual debería de " rascarse con sus propias uñas".

La vida en aquel lugar era cómoda pero demasiado aburrida y monótona, pero para ella las cosas cambiaron, pues el Rey ordenó que  fuera llevada a su precencia aquella misma noche.

Vestida con una finísima túnica tan transparente que casi no dejaba nada para la imaginación, fue llevada a la alcoba de Ciwutt.

Una vez frente a él Fivia permaneció estática con la mirada  baja sin atreverse a  nada, hasta que oyó la voz del rey:

_¡Acércate que quiero verte...No tengas miedo, no deseo hacerte el menor daño!

Fivia camonó lentamente, sus piernas le temblaban, se detuvo a unos metros del monarca y éste se le aproximó a ella, tomándole su barbilla levantó su rostro al tiempo que Fivia cerraba sus hermosos ojos oscuros.

_¡Vaya que eres hermosa! Jamás ví tanta belleza en ninguna mujer y créeme que he tenido a muchas en esta misma habitación. Dijo el rey.

Fivia continuaba con sus ojos cerrados, su respiración se hacía intensa y su corazón palpitaba con fuerza...Pero no era miedo lo que sentía, sabía que aquel hombre no le haría ningún daño...Era algo distinto...Algo que jamás había sentido antes yeso la tenía muy desconcertada.

_Abre tus lindos ojos Fivia ¿Esees tu nombre, verdad?

Fivia abrió sus ojos y su mirada se cruzó con la del hombre de la cicatriz, ambos permanecieron unos segundos sin decir nada, al fin Ciwutt la soltó.

_ No eres como las otras...Eres muy distinta...¡Anda, dí algo, lo que sea Fivia...Deseo escuchar tu voz. Dijo el rey.

_¡ Señor...!  Comenzó a decir ella.

_Dime Ciwutt....Esees mi nombre. ahora en esta habitación estamos solos tú y yo...Tú eres una hermosa mujer y yo soy...Sólo un hombre ¿Ves? Le interrumpió él.

_¡ Pero eres el Rey , el Señor de Qocerit y yo tan solo una...!

Ciwutt ahora no la escuchaba, sus pensamientos cruzaban por su cerebro, recordaba a la hermosa mujer que vio en su sueño, una mujer comletamente diferente a aquella que ahora estaba frente a él, pensaba que aquella otra lo había traicionado, aún sin conocerle y más aún con aquel jovenzuelo al cual él había dado cobijo y atenciones. Una sombra de ira ensombreció su rostro, ahora pensaba que era aquel mozo quien en verdad kle había traicionado, aquel a quien  le había encargado la misión de traerla y por el contrario se había casado con ella a sabiendas, aquello le llenó de ira y exclamó:

_¡Me has traicionado maldito varín, pero lo pagarás muy caro, aunque te escondas en el mismo infierno te he de encontrar y conocerás mi venganza...Pagaras con sangre tu traición y no sólo tú, todos tus compañeros y también tu pueblo.

Fivia lo miró desconcertada y Ciwutt dándose cuenta le dijo:

_¡Discúlpame Fivia! Mis pensamientos estaban muy lejos de aquí...¡Bien! Ya te he conocido, dejaremos nuestra conversación hasta aquí por ahora pero después la continuaremos...No temas nada malo, serás tratada como una reina...Ya que eso es lo que te mereces.

Cuando Fivia se retiró, Ciwutt permaneció  solo en su alcoba, una idea comenzaba a rondarle en su cabeza, una idea que le hacía emocionarse y que despertaba en él algo que nunca antes había experimentado, algo muy parecido a lo que sentía cuando se proponía conseguir algun objetivo militar, sólo que esta vez su objetivo no era un nuevo territorio o una ciudad...Esta vez se trataba de conquistar el corazón de una mujer y eso era algo que nunca antes, había acometido.