17. may., 2017

Texto

Queridos amigos:

          He creado esta nueva sección en mi blog, con la idea de compartir algunas reflexiones y recuerdos acerca de los "tiempos pasados". Seguramente para aquellos que son ya mayores y que vivieron partes de sus vidas en el siglo que ya pasó, estos recuerdos míos les serán muy familiares, en cambio, para los más jóvenes,a algunos les resultaran novedosos y hasta curiosos. En esta sección no me limitaré solo a los Grandes Hechos que ocurrieron en el Siglo XX, sino más bien me interesan las cosas pequeñas del diario vivir, las anécdotas, la manera en que vivíamos y la forma de ver el mundo a nuestro alrededor. ¡Bien! Hecho este preámbulo, comenzamos:

_EL MUNDO QUE CONOCIMOS .

Éste título me trae a la memoria una excelente tema compuesto por Bert Kaempher e interpretado magistralmente por Frank Sinatra, uno de los ídolos del siglo que se nos fue.

Entre las cosas que yo recuerdo de aquellos años de la ´decada del cincuenta, cuando era un muchachito, estaba el cine. Esta era una de las mas populares entretenciones en aquellos años. En mi pueblo provinciano sólo existían dos grandes cines y ambos competían para traer desde la capital las cintas más espectaculares, aunque, eso sí, con bastante retraso.

Fue en la oscuridad de aquellas salas con butacas de madera o en la popular galería,ubicada en lo alto, en donde me maravillé con aquellas películas tan famosas que ahora solo se encuentran en aquellas páginas de recuerdos de You tube.¡Cómo olvidar a los grandes actores de aquellos años! En donde el héroe (El jovencito como lo llamábamos) siempre era un hombre duro, recio, valiente, que jamás lloraba y que no demostraba sus emociones, en cambio el antagonista (El bandido) era realmente malo, alevoso y traicionero. Lo normal era que al final siempre recibía su castigo y "el joven se quedaba con la niña", entonces, todos los espectadores aplaudíamos y ahí se cerraba el telón.Recuerdo que en esos tiempos, en los días miércoles y sábados se daban las "funciones rotativas" y entonces podíamos ver hasta tres películas distintas y volver a repetirlas si es que queríamos, lo cual significaba permanecer en la sala del cine desde las dos de la tarde hasta las doce de la noche, recién entonces salíamos del cine con los ojos abiertos como "huevos fritos" y con la cabeza llena de escenas de los films que habíamos visto.

El cine, en provincia era casi la única entretención de masas y cuando llegaba una nueva película, se colocaban sus afiches promocionales en la antesala y el público se aglomeraba preparándose para verlas. También se exhibían "las sipnosis" o pequeños adelantos resumidos, para interesar a los espectadores y cuando comenzaban las funciones, antes de la película principal, se exhibían "las seriales",entre las que recuerdo de mi niñez, puedo nombrar las del Capitán Maravilla,El Imperio Submarino y las de Tarzán o de Jim de La Selva con el famoso Johny Wesmuller.

¡Ah...Cuanta nostalgia me traen  aquellas películas de mi infancia! Muchas de aquellas las he vuelto a ver, buscándolas en Internet, ahora con los ojos de  un adulto, las he encontrado muy simples, sencillas, pero no aburridas. Es cierto, mis gustos y los de la mayor parte de la gente han cambiado.

A mis hermanos y a mí nos encantaban las películas de "monstruos", sobretodo aquellos monstruos gigantes como el inmenso pulpo que destruye el Puente de San Francisco o la espantosa Tarántula que me hizo tener más de alguna pesadilla. Era la moda de aquellos años, culpar de todo eso a la radioactividad provocada por las explosiones atómicas y ella le atribuían toda clase de mutaciones, entre ellas la de crear mosntruos gigantes, como la Mantis (El monstruo alado) o Gosdzilla, entre tantos otros.Crecí y me hice hombre, viendo y tratando de imitar a mis ídolos de cine, como   el recio y siempre sonriente John Wayne, que ni se despeinaba cuando agarraba a puñetazos a los malechores o al flemático Gregory Peck, mas adelante mis gustos cambiaron y al igual que todos los jóvenes de la década del sesenta me incliné por los ídolos musicales, pero no por ello dejé de admirarme con las espectaculares actuaciones de Charlton Heston en Ben Hur y Los Diez Mandamientos, peliculas que pese a haberlas visto una infinidad de veces, aún sigo viéndolas en la televisión en cada Semana Santa.

Eso era la Edad Dorada del Cine, en provincia. Cuando nos vinimos a la capital, casi nos volvimos locos de alegría al comprobar que en esta ciudad, Santiago, existían más de sesenta salas de cine, practicamente no había barrio o población en donde no hubiera algun cine.

Poco a poco fueron desapareciendo, el último que recuerdo fue el inmenso Cine Prat, situado en el Barrio Franklin. Ahora es un Supermercado, otros, la mayoría de ellos, son iglesias de culto evangélico,solo quedan sus estructuras inconfundibles para recordarnos que hubo una época, y una manera de entretención que el tiempo y el progreso fueron dejando en el pasado, pero que para aquellos que la vivimos siempre será un buen recuerdo, el recuerdo de una época dorada, en donde éramos jóvenes llenos de sueños e ilusiones.

Es parte de aquel "Mundo que conocimos" Tito Fabio.