18. may., 2017

Texto

"Como nos divertíamos"

Ayer les contaba acerca de la importancia del cine en nuestros años infantiles y de la nostalgia que ahora sentimos, aquellos que solíamos meternos en una sala de cine, envolvernos en la magia de alguna pelicula y olvidarnos por un par de horas del mundo en que vivíamos. Era una sensación que incluso, perduraba por algunas horas cuando abandonábamos la sala.

Nosotros, me refiero a los que nacimos en la primera mitad del siglo pasado, vivíamos  de manera muy diferente a la de ahora. No exitían muchas cosas que ahora nos parecen casi imprescindibles, como la televisión, Internet, juegos electrónicos, etc.

Nuestros juegos eran muy sencillos, pero no por eso, menos entretenidos.Por ejemplo: Estaba el juego de las bolitas (o canicas, como se las llama en algunas partes). Siempre teníamos en nuestros bolsillos un lote de aquellas esferitas de vidrio u otros materiales y a la salida de clases, caminábamos rumbo a nuestras casas echando con nuestros compañeros una competencia, aún me recuerdo como se llamaba ese juego: "La achita y cuarta" o algo así, consistía en arrojar una de nuestras bolitas y el competidor trataba de pegarle con la suya, si quedaba a menos de "una cuarta", esto es, a la distancia de una mano extendida, entonces tenía derecho a dar otro tiro con el fin de pegarle a nuestra bola con la suya, si le achuntaba, entonces se la ganaba y ahora le tocaba tirar a él y los papeles se invertían, así, el camino a a casa se nos hacía corto y entretenido ¡Ah, esos tiempos! Ahora sería muy extraño ver a un par de niños jugando con bolitas.Ni siquiera sé si aun las fabrican o venden en el comercio.Respecto a aquellas, recuerdo que eran muy apreciadas las bolitas de acero, extraídas de los rodamientos y también las de bronce, que se podían encontrar en los antiguos catres como los que tenía mi abuela, ella siempre se extrañaba porque se le desaparecían aquellos adornos dorados, pero no nos decía nada.

También recuerdo que por esos tiempos había épocas para algunos juegos específicos, por ejemplo. El tiempo de los voantines, que era  a fines del mes de Agosto, principalmente en Setiembre, me imagino que era porque en esa época soplan mejor los vientos.También estaba la época del trompo, que era por lo general en verano, ignoro porque, pero lo cierto es que todo niño y también algunas niñas teníamos nuestros coloridos trompos de madera con sus respectivas cuerdas y competíamos arrojándolos sobre una tapa de botella haciendo girar el trompo encima de ella.Habían varias maneras de arrojar el trompo, la más fácil era hacerlo despacito " a lo mujer"y una vez que el trompo " se dormía" colocábamos una mano y lo hacíamos girar sobre la palma. Seguramente algun lector, más o menos viejo como yo, trató de enseñarle a su hijo a tirar el trompo, espero que le haya resultado, ya que la práctica a veces se pierde con los años.

Nuestros juguetes eran muy simples, la mayoría fabricados con madera y primorosamente pintados con esmalte. Recuerdo que para una Navidad, mi padre me regaló un lindo camión con carrocería, todo en madera, lo que él nunca supo fue que antes de La Navidad yo se lo decubrí, estaba a medio construir y le faltaba la pintura, ya a esa edad sabía que el Viejo Pascuero no existía y que era mi padre quien nos compraba los juguetes, pero no me imaginaba que él también podía fabricarlos.En esos años, los juguetes y regalos no se entregaban  en la noche, sino que al día siguiente, por eso, nosotros nos íbamos a la cama con la ilusión de encontrar al despertar aquellos juguetes que deseábamos y cuando eso ocurría salíamos a mostrarselos a nuestros amiguitos del barrio y compartir los de ellos.

La vida en una ciudad provinciana era muy distinta a la de la capital: Ya he hablado acerca de los cines, pero también había otros espectáculos que atraían a la gente y en especial a los niños como los circos.Estos también tenían su temporada, generalmente  en verano y cuando llegaba un circo a nuestra ciudad, eso era todo un acontecimiento, nosotros si estábamos de vacaciones corríamos a presenciar como colocaban los mástiles y levantaban la inmensa carpa de lona y género con sus graderías de madera alrededor de la pista.El Circo de Las Águilas Humanas era el más conocido, pero también había otros,para nosotros, los niños de provincia que jamás habíamos visto un león o un elefante de verdad, nos impresionaba mucho verlos encerrados en aquellas estrechas jaulas provistas de gruesos barrotes y luego en la pista obedeciendo las órdenes del domador que hacía restallar su látigo.No se nos ocurría pensar en esos años que aquello era una crueldad con los pobres animales, como se piensa ahora y con razón.Los payasos nos hacían reir con sus caras pintadas,sus caídas y golpes que sonaban como palmetazos, aunque muchas veces no entendíamos por completo sus chistes de doble sentido que provocaban las carcajadas de los adultos.

Ahora, cuando escribo estas líneas estoy tratando de recordar cuando fue que asistí a un circo de verdad, de aquellos con carpa de lona y graderías de madera.Debe de haber sido hace ya muchos años, tal vez cuando llevé a mis hijas pequeñas a conocerlos.

Otro espectáculo que alegraba a la gente de mi pueblo era la llegada de los carrouseles. Recuerdo con gran emoción aquellas noches de verano, cuando se instalaba un carrousel con su enorme rueda giratoria, sus tiovivos con caballitos y los stand con toda clase de entretenciones. Es cierto que a veces no teníamos dinero como para subirnos a todos los juegos, pero nos entreteníamos bastante viendo a los demás que sufrían sobre la enorme rueda que giraba. Ya más adelante, cuando ya no éramos tan niños, aquellos corrouseles fueron testigos de nuestras primeras experiencias sentimentales, pero de eso hablaremos después.

Esos fueron las principales  entretenciones de nuestra infancia, pero también hubo otras, como aquella  costumbre que llamábamos " La challa o chaya", también era en el verano y consistía en arrojarles papel picado de colores a las niñas, ellas también lo hacían con nosotros, la gracia era pillarlas de sorpresa y "taparlas con papel picado", pero no sólo se hacía con papel, recuerdo que también en las tardes calurosas del verano nos arrojábamos baldes con agua y nadie se enojaba.

Era  la semana del Carnaval, en donde la Municipalidad organizaba la fiesta, con desfiles de carros alegóricos y también se elegía a la Reina de la Primavera. Para nosotros, los niños, era una gran entretención y nos gustaba recoger las cintas multicolores de papel, que quedaba en las calles cuando los espectadores les arrojaban esas serpentinas al paso del carro con la flamante reina sonriente.

¡Eran otros tiempos! Quienes vivimos nuestra niñez en esa época disfrutábamos sin pensar en el futuro, no sabíamos que sobre nuestras cabezas pendía una Espada de Damocles y que el mundo vivía la llamada Guerra Fría en donde la amenaza de la destrución de la Humanidad por una hecatombe nuclear era algo latente, así crecimos y nos hicimos adultos, pero en un lugar muy profundo de nuestras memorias, muchos de nosotros, continuamos siendo niños, aunque aparentamos no serlos, ante los demás. Tito Fabio.